Hace unos días os hablaba del manual que habíamos elaborado en el club para reducir la posibilidad de contagio en nuestras actividades.
Muchos de vosotros y vosotras me habéis preguntado al respecto, y con la finalidad de que vuestras salidas a la montaña (con nosotros o por vuestra cuenta), sean más seguras, hemos desarrollado esta guía rápida que recoge los tips y claves esenciales a seguir para reducir el riesgo de contagio.

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Pero te voy a contar un secreto (aprovechando que no nos oye nadie, así, entre tú y yo): no todas las personas tienen tan clara su importancia (o al menos, no son conscientes de ello).
El mantenimiento diario de tu mochila debes hacerlo lo antes posible y no aplazarlo nunca a la víspera de tu próxima ruta de senderismo. Lo recomendable es hacerlo al volver del monte, antes de guardar tu mochila. Si en ese mantenimiento (que incluye una inspección de los elementos de sujeción), descubres alguna rotura y lo has dejado para última hora, no tendrás tiempo ni margen para subsanar el problema (por ejemplo, no podrás llevar la mochila al zapatero para que te refuerce una de las costuras de las cintas de fijación que esté empezando a descoserse).




A mano: Es la más indicada. En la
A máquina: Si tu mochila lo permite, el lavado a máquina puede ser tu mejor opción.



Obviamente, en la montaña no encontramos servicios dotados de jabón y agua corriente para lavarse las manos correctamente antes de almorzar o comer (con suerte igual en algún área de recreo podemos encontrarnos una fuente). Lavarse las manos en un río o en una corriente de agua es algo que tampoco debemos hacer, ya que forma parte de nuestra responsabilidad el evitar la contaminación de las aguas mediante el uso de detergentes, pero de esto ya hablaremos otro día.

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