
Comunicarse mediante silbidos no es nada nuevo, ya lo hacían nuestros ancestros canarios de La Gomera mediante el famoso silbo gomero («hablado» también en El Hierro, Tenerife y Gran Canaria).
En Laruns (un pueblecito del Pirineo Francés), los niños aprenden en la escuela a silbar para comunicarse. En la Sierra Mazateca (México), también se comunican usando un código de silbidos, y lo mismo sucede en Kuskoy (Turquía).
La torpeza a la hora de usar las manos para silbar tampoco es nueva, de modo que para aquellos que como yo nunca fueron capaces de hacerlo, la humanidad nos trajo un pequeño gran invento: el silbato.
Pocos elementos de seguridad hay, que apenas pesando unos gramos nos puedan resultar más útiles que un silbato de emergencia. Tanto es así, que lo considero un imprescindible en el equipo habitual de senderismo, y por ello, no tengo compañero o compañera de aventuras que no tenga el suyo (que ya me encargo yo de regalárselo si hace falta).

A su ligereza le debemos sumar su total independencia de cualquier fuente energética (vamos, que funciona sin pilas) y su gran alcance (llegando a ser audibles incluso a 3 km de distancia).
Este pequeño artilugio te servirá para señalizar tu posición en la montaña en caso de escasa visibilidad, para comunicarte con tus compañeros de cordada (si lo tuyo es escalar) y lo más importante, para pedir auxilio en caso de emergencia.
Es por este último punto, por el que nunca deberás usar tu silbato practicando senderismo sin motivo justificado, ya que podrías generar una situación de alerta infundada.

Y también por ese motivo no deberás comprar cualquier silbato, ya que este ha de cumplir algunas características que lo hagan idóneo para usarlo como elemento de seguridad en la práctica de los deportes de montaña.
Ha de ser ligero, fabricado en algún material de alta flotabilidad (como el plástico), de un color no existente en la naturaleza y que le permita contrastar así con los materiales naturales (como por ejemplo en naranja de alta visibilidad), y así facilitar su localización en el interior de la mochila o en el suelo si se nos ha caído de las manos.
Deberá tener un sistema de fijación que te permita tenerlo a mano, y en el caso de que lo lleves al cuello, tendrá que tener también un cordón con apertura de seguridad para evitar laceraciones, heridas e incluso un posible estrangulamiento.

La mayoría de ellos no suelen llevar la bolita a la que estamos tan acostumbrados, de ese modo, no pierden eficacia en entornos con agua (por ejemplo, si nos encontramos en una situación apurada en un barranco).
Los venden con infinidad de gadgets añadidos: brújula, linterna, pedernal, termómetro, espejo de señales, etc… Mi consejo es que te compres uno sencillo y que cumpla al 100% su función, así ahorrarás dinero y peso, ya que de antemano te digo que la mini brújula o un minúsculo led no pueden sustituir una brújula de verdad o un frontal.
Una buena forma de no equivocarte en tu elección es que compres un silbato náutico que cumpla la normativa SOLAS 74/83 – EN 394 (es el que llevan normalmente los aficionados al barranquismo). Podrás ver que el propio silbato lleva la norma grabada.
Comunicándonos con el silbato:
Pidiendo ayuda.
– Señal internacional de socorro en montaña (ICAR-CISA y UIAA):
- La frecuencia ha de ser de 6 pitidos por minuto con un minuto de pausa.
- Para enviar una respuesta, en caso de haber recibido un aviso, la frecuencia será de 3 pitidos por minuto, seguidos de un minuto de pausa.
– Código MORSE:
- La transcripción del las siglas SOS al código MORSE viene dada por el deletreo de sus siglas: S= · · · / O= – – – /S= · · ·. Así que para enviar una señal de socorro en código MORSE tendrás que convertir esos puntos y rayas a pitidos, de modo que la frecuencia será de 3 pitidos cortos (S), seguidos de 3 pitidos largos (O) y otros 3 pitidos cortos (S).
- Para responder a una petición de auxilio y avisar de que has recibido correctamente esa señal de socorro, responderás con tres pitidos largos.
Comunicándonos con otros en la distancia:
- Inicia la comunicación con un pitido largo continuo, y si el receptor lo ha escuchado te devolverá otro pitido también largo y contínuo. Ese pitido de vuelta intentará igualar en duración al tuyo, de modo que esa señal de vuelta sea un claro indicador de que se ha producido «feedback».
- Una vez establecida la comunicación (y dando por hecho que no sabes código morse), tus mensajes se verán muy limitados. Por ejemplo, en escalada suelen usar un pitido corto para decir «stop», dos pitidos para indicar que el paso está «libre» y tres pitidos para «descender». Para memorizarlo la cosa es bien sencilla: tantos pitidos como sílabas tiene la orden indicada.

IMPORTANTE: Puesto que no verás a tu interlocutor, es de vital importancia repetir cada cierto tiempo los pitidos, de modo que nos aseguremos de que no se ha perdido la comunicación.
Espero que este artículo te haya resultado interesante y la próxima vez que vayas a la montaña recuerda atarte bien las botas y no olvidar tu botiquín personal.
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Absolutamente indispensable. Este tipo de cinta adhesiva se caracteriza por añadir una malla o hilado (de fibras naturales o sintéticas) como refuerzo. Es una cinta fácil de cortar con las manos, al tiempo que es muy resistente a la tracción. Normalmente la podrás encontrar en color plateado, ocasionalmente en negro y rara vez en colores. El color no indica ninguna propiedad especial, ya que tan sólo es la tinción del polietileno reforzado que contiene la malla.

No voy a nombrar marcas, aunque seguro que el que compres acabará en «tite«. Lo venden en pequeños tubos monodosis que tendrás que reemplazar de vez en cuando (se secan, así que mira bien la fecha de caducidad). Con el
Parece una bobada, pero si pierdes un botón te vendrá de lujo poderlo reemplazar y no ir por ahí perdiendo los pantalones. Vale que muy polivalente no es, pero pesa muy poco y sólo es necesario que lleves uno.
Un pedacito de
Ligera, resistente, fácil y rápida de usar. Un
Sencillo, simple y rápido de usar, el
Yo llevo una madeja de
Un pequeño mechero (eso sí, con gas), para poder calentar piezas de plásico y darles forma o para soldar las fibras del extremo de un cordón deshilachado.
Una pequeña 





Lleva en tu mochila calzado adecuado para agua: Unas sandalias ligeras o unas deportivas viejas te valdrán. Si no es muy profundo te resultará más sencillo caminar por su lecho que andar saltando de piedra en piedra. Cuando vayas a cruzarlo, cambia tu calzado, así mantendrás tu botas de montaña secas. No cruces descalzo, puedes cortarte, clavarte algo o golpearte con una piedra.
Impermeabiliza el contenido de tu mochila: Procura llevar tus cosas en una bolsa cerrada herméticamente (puedes usar dos bolsas de basura y meter una dentro de la otra), de modo que si tu mochila acaba empapada no lo haga su contenido (¡piensa sólo en lo asqueroso que puede resultar comerse un bocata mojado!). No olvides meter en una funda estanca tus aparatos electrónicos (GPS, teléfono móvil, frontal o linterna, etc…). Un truco que te resultará muy útil será llevar un preservativo en tu equipo, además de dar rienda suelta a tus instintos, te será muy útil para proteger con él tus dispositivos electrónicos.
Madruga: Procura ser previsor, con la bajada de las temperaturas nocturnas el ritmo del deshielo se ralentiza y es por ello que a primeras horas de la mañana el caudal de los ríos es mas bajo que por las tardes. Además, la mayoría de tormentas de evolución (normalmente cargadas de aparataje eléctrico) se producen por la tarde, y creeme si te digo que no te interesa estar dentro del agua si se desencadena una de ellas.
Posición de seguridad: los pies en dirección de la corriente y de espaldas, utilizando las manos a modo de timón para corregir tu dirección. Es importante que la conozcas y la hayas practicado por si la corriente acaba arrastrándote. Esta posición es de gran importancia en zonas con piedras en las que no puedas nadar.
Extiende los brazos enfrente de la cabeza y estira las piernas, de ese modo adquieres una postura hidrodinámica.
Empuja con los brazos hacia abajo mientras los alejas del cuerpo, al mismo tiempo eleva la cabeza. Flexiona las rodillas y avanza los pies hacia el cuerpo.
Completa tu remada con los brazos y vuelve a enderezarlos, elevando cabeza y hombros fuera del agua (aprovechando el momento para tomar aire). Mueve enérgicamente los pies dando una patada hacia atrás.
Aprovecha el impulso de la patada y con los brazos extendidos déjate deslizar por el agua e inicia otra vez el movimiento hasta que hayas nadado a la otra orilla del río.








De una parte tenemos el
LA CRESTA DEL BENICADELL

Entorno Sierra de Bernia

Entorno Puigcampana, Alt de Tafarmaig, Peñón del Divino
